El agua ejerce siempre una presión sobre nuestro cuerpo, que se puede ver aumentada por medios artificiales como centrifugadores o bombas. Su electo masajeante es muy beneficioso para la circulación y la piel. El solo hecho de introducirnos en el agua, mucho mejor si es en el mar, produce una compresión sobre las venas externas e internas, circunstancia que. junto con la constricción provocada por el frío, hace que la sangre retorne con más fuerza al corazón, renovando e| torrente sanguíneo. El vientre también se ve sometido a una constricción. Se ha comprobado que llega a reducirse entre 2 y 6 centímetros, con los correspondientes efectos circulatorios. A la altura del dialragma facilita la espiración y, por el contrario, dificulta la inspiración, provocando así un efecto relajante.
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